← Volver al artículo completo
SociedadEdición Pocket· 1 min de lectura

Cuando el grupo se queda y el sitio se vacía

Edición Pocket. Esta es una versión más breve de un artículo más largo; puedes leer la edición completa cuando tengas más rato.

El chat tiene cuatrocientas personas y sigue vivo a diario. El servidor donde se conocieron todas tiene dos jugadores conectados un martes por la tarde. Nadie se ha peleado y nadie se ha ido: simplemente ya nadie entra.

Suele leerse como una victoria, y en parte lo es: la amistad sobrevivió al juego que la produjo. Pero algo se ha perdido en el traspaso, y cuesta nombrarlo.

El sociólogo Maurice Halbwachs sostuvo en 1925 que la memoria de un grupo no flota: se apoya en marcos, y el más resistente de todos es el espacio. Un grupo que conserva a sus miembros pero pierde su lugar conserva el recuerdo y pierde el soporte que lo sostenía.

De ahí la diferencia práctica: un chat sirve para hablar de lo que pasó. Solo un sitio produce lo que pasará. Cuando el grupo suelta el lugar, la conversación deja de generar historias nuevas y empieza a repetir las viejas.