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SociedadEdición Pocket· 1 min de lectura

El que se queja todavía está aquí

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Quien se molesta en protestar por algo de un servidor todavía cuenta con que puede cambiar. Quien ya no lo cree no discute: deja de entrar, y esa marcha no avisa a nadie.

El economista Albert Hirschman describió esas dos reacciones ante cualquier organización que empeora. Se puede salir, que es marcharse, o usar la voz, que es decirlo. Y son muy distintas: salir es gratis, instantáneo y mudo; hablar cuesta tiempo, cuesta exponerse y a veces cuesta que te tomen por el pesado del chat.

De ahí sale una consecuencia incómoda para quien lleva un sitio. La única de las dos que trae información es la cara. Las quejas explican qué falla; las marchas solo dejan un hueco, y siempre llegan tarde.

Por eso el silencio no es conformidad. Un chat tranquilo puede significar que todo va bien o que ya no queda nadie con ganas de intentarlo, y los dos se parecen mucho desde fuera.