El juego que te pide que pongas tú los objetivos
Edición Pocket. Esta es una versión más breve de un artículo más largo; puedes leer la edición completa cuando tengas más rato.
Abres el mundo, das dos vueltas, ordenas un cofre y lo cierras a los diez minutos. No estabas aburrido. No tenías ningún objetivo que traer, y el juego tampoco traía uno puesto.
El sociólogo Roger Caillois separó en 1958 dos maneras de jugar. La paidia es la improvisación libre, sin reglas ni meta. El ludus es el esfuerzo sometido a una regla que alguien fijó antes: el crucigrama, la portería, el tiempo que hay que batir. Casi ningún juego es puro; Minecraft es de los pocos que se acerca a la paidia entera.
Eso explica a la vez por qué es extraordinario y por qué agota. La paidia es maravillosa cuando llegas con energía, y cruel cuando no: entonces no te da un juego, te da un folio en blanco.
Y explica el ciclo del mundo nuevo. Empezar es la única parte que trae objetivos incorporados: madera, refugio, hierro. Se acaban en unas horas, y a partir de ahí el trabajo de inventarlos vuelve a ser tuyo.