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VisiónEdición Pocket· 1 min de lectura

El mundo que no abres y no borras

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Está en la lista, con la fecha de la última vez que entraste: hace dos años. No piensas jugarla y tampoco eres capaz de eliminarla. Ocupa unos megas y ocupa mucho más que eso.

La psicóloga Sherry Turkle lleva décadas estudiando lo que llama objetos evocadores: cosas que no valoramos por su función sino porque pensamos y sentimos a través de ellas. Su hallazgo es que ciertos objetos dejan de ser propiedad y pasan a formar parte del yo, y por eso deshacerse de ellos no se vive como tirar algo, sino como perder una parte de la propia biografía.

Un mundo guardado cumple todos los requisitos. No lo compraste: lo hiciste, decisión a decisión, incluidas las malas. El pasillo estrecho porque calculaste mal, la torre a medias, la casa provisional que se quedó ocho meses. Cada rareza suya registra un momento tuyo, es irrepetible, y encima lleva la fecha puesta.

Por eso la pregunta no es por qué no puedes borrarlo. Es por qué te parece que deberías poder.