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Sociedad· 7 min de lectura

No Hacen Falta Más Amigos: Hacen Falta Mejores Condiciones para que Nazcan

La epidemia de soledad de la Gen Z no se arregla con notificaciones. Lo que falta no son más amigos, sino mejores condiciones para que nazcan.

No Hacen Falta Más Amigos: Hacen Falta Mejores Condiciones para que Nazcan

Tienes el móvil lleno de gente y aun así hay tardes en las que no sabrías a quién escribir —no para quedar, sino para contar algo y que alguien lo entienda—. Esa distancia entre estar rodeado y sentirse acompañado es de lo más común de nuestra generación, y de lo que menos se dice en voz alta.

No es una impresión tuya. La Organización Mundial de la Salud calcula que una de cada seis personas se siente sola, más aún entre adolescentes y jóvenes. La OCDE midió que, entre los de 16 a 24 años, el trato presencial diario con amigos cayó de algo más de la mitad en 2006 a poco más de un tercio en 2022, sin que el contacto digital compensara la caída.

Suele contarse como una contradicción —la generación más conectada es la más sola—, pero es una consecuencia: llevamos veinte años optimizando el número de conexiones, y el número nunca fue el problema.

Hay dos soledades, y casi siempre atacamos la que no es

En 1973, el sociólogo Robert Weiss explicó la soledad mejor que casi todo lo escrito después: no es una cosa, sino dos que se parecen por fuera y no por dentro.

La primera es el aislamiento social: no tienes grupo, red, tribu. La segunda es el aislamiento emocional: no tienes a nadie con quien de verdad cuentes, aunque estés rodeado de gente. Y la segunda no se cura con la primera. Puedes meter a alguien con aislamiento emocional en una fiesta llena de gente encantadora y saldrá igual de solo. A veces peor, porque ahora tiene la prueba.

Casi todo lo construido en quince años ataca la primera soledad: más contactos, más grupos, más recomendaciones. Un remedio para el problema que la mayoría no tiene. Por eso frustra tanto: haces exactamente lo que te dicen y no te sientes mejor. No es que lo estés haciendo mal. Es que te han dado el mapa equivocado.

Medir la amistad es una manera eficaz de estropearla

Cuando una herramienta decide ayudarte con esto, casi siempre hace lo mismo: convertirlo en un número. Contadores de amigos, rachas que no puedes romper, insignias por ser sociable.

Pero una racha no te da un amigo: te da una obligación diaria con cara de amistad. En cuanto mantener el contacto es una tarea que se puede fallar, has añadido culpa a la vida de alguien que ya se sentía mal. Y conocer tu "índice de soledad" no te hace menos solo: te hace más consciente de serlo.

Lo que sí construye un vínculo es aburridamente concreto

El psicólogo Jeffrey Hall estudió cuánto se tarda en convertir a un desconocido en amigo, y su hallazgo no fue una técnica: fue tiempo. Decenas de horas para pasar de conocido a amigo, más para amigo cercano. Con un matiz decisivo: no cuentan las horas de coincidir, sino las de hacer algo juntos sin propósito.

La amistad, entonces, no necesita una función. Necesita repetición, tiempo sin objetivo y algo que hacer mientras tanto. Y la pregunta útil deja de ser "¿cómo consigo más amigos?" para ser "¿dónde se supone que ocurre eso hoy?". Esas condiciones no tienen misterio: son las que teníamos por defecto y hemos perdido —el barrio, el club, la peña, el patio largo—. Nadie hizo un amigo rellenando un perfil. Lo hizo estando en el mismo sitio muchas veces.

De ahí sale un principio que va más allá de cualquier servidor: casi ningún resultado humano se consigue yendo a por él directamente. La amistad, la calma, el sentido son subproductos de unas condiciones, no premios de un esfuerzo dirigido. La única intervención que funciona es indirecta: monta el lugar donde los vínculos suelen darse, y luego apártate.

Lo que hemos decidido no construir

Aquí toca hablar de lo nuestro por la parte comprobable: no por lo que KobiiCraft promete, sino por lo que ha decidido no tener. No hay contador de amigos. No hay rachas sociales. No hay insignias por ayudar ni ranking de gente maja. Nadie recibe un aviso de que alguien le echa de menos.

Tampoco medimos si estás solo, y no pensamos hacerlo: preferimos ni saberlo, porque saberlo nos convertiría en alguien tentado de usarlo. Nada de esto es una funcionalidad, y por eso es lo único que puedo afirmar sin exagerar: una renuncia se comprueba mirando lo que no está. Una promesa, no.

Lo demás es más honesto en condicional. Si existiera un sitio donde se pudiera estar sin competir, con grupos pequeños en lugar de multitudes y un ritmo sin prisa —del que uno pueda marcharse sin perder nada y volver meses después sin explicar dónde estuvo—, me gustaría que se llamara KobiiCraft.

La parte que sería fácil no escribir

Nada de lo anterior soluciona la soledad: ni KobiiCraft, ni ningún servidor, ni ninguna aplicación. Conviene decirlo con los datos delante: al revisar en conjunto los programas para reducir la soledad juvenil, los resultados son modestos e inconsistentes, y las intervenciones puramente tecnológicas son las que peor salen paradas. Lo que muestra algún efecto es lo lento: acompañamiento humano, práctica social sin humillación, grupos que se sostienen.

Un servidor de Minecraft no es un tratamiento. Es, como mucho, un sitio. Y hay situaciones —aislamiento severo, ansiedad, depresión— que necesitan personas y profesionales, no bloques de colores. Lo dejo escrito en frío, porque es la frase que más tentador será borrar el día que alguien quiera contar esto como una cura.

Así que no, no vamos a arreglar la soledad de nadie. La aspiración es más pequeña: ser el tipo de sitio donde las condiciones son las correctas. Que se vaya a menudo. Que estén más o menos los mismos. Que haya algo que hacer. Que nadie lleve la cuenta. Si eso funciona, no habremos resuelto nada. Habremos sido el sitio donde alguien conoció a la persona a la que hoy escribe sin pensárselo dos veces.

Preguntas frecuentes

¿Por qué la generación más conectada de la historia es la que más soledad reporta? Porque el número de conexiones nunca fue el problema. Las herramientas sociales de los últimos quince años están optimizadas para aumentar la cantidad de contactos, pero la soledad que más duele no viene de tener pocos contactos, sino de no tener a nadie con quien de verdad contar. Añadir gente a una lista no toca esa carencia. La OCDE ha medido además que, entre los jóvenes de 16 a 24 años, el trato presencial diario con amigos cayó de algo más de la mitad en 2006 a poco más de un tercio en 2022, mientras el contacto digital crecía. No compensó la caída.

¿Cuál es la diferencia entre soledad social y soledad emocional? Es la distinción que estableció el sociólogo Robert Weiss en 1973. El aislamiento social es la falta de una red o un grupo: no hay gente alrededor. El aislamiento emocional es la falta de un vínculo cercano: no tienes a nadie con quien de verdad cuentes, aunque estés rodeado de gente todo el día. Lo importante es que la segunda no se resuelve con la primera. Una persona con aislamiento emocional puede estar en una fiesta llena de gente agradable y seguir sintiéndose exactamente igual de sola, a veces incluso peor.

¿Sirven de algo las aplicaciones para hacer amigos? Sirven para el problema más fácil, que es encontrar a alguien; no para el difícil, que es que ese alguien acabe importándote. Cuando se han revisado en conjunto los programas pensados para reducir la soledad juvenil, los resultados son modestos e inconsistentes, y las intervenciones puramente tecnológicas son de las que peor salen paradas. Lo que muestra algo de efecto es más lento: acompañamiento humano, práctica social sin humillación y grupos que se sostienen en el tiempo.

¿Qué condiciones favorecen de verdad que nazca una amistad? Repetición, tiempo compartido sin objetivo y algo que hacer mientras tanto. El psicólogo Jeffrey Hall estudió cuánto tiempo hace falta para que un desconocido se convierta en amigo y encontró que hacen falta decenas de horas, con un matiz decisivo: no cuentan las horas de coincidir, sino las de hacer algo juntos sin propósito concreto. Son exactamente las condiciones que daban por defecto el barrio, el club o la pandilla, y que la vida adulta y la mayoría de plataformas han ido eliminando.

¿Puede un servidor de Minecraft ayudar con la soledad? Puede ser un sitio, no un tratamiento. Un espacio digital tranquilo, con grupos pequeños, gente que se repite y algo que hacer juntos reproduce algunas de las condiciones bajo las que suelen nacer los vínculos. Eso no es poco, pero tampoco es una cura: ningún servidor ni aplicación soluciona la soledad, y quien lo prometa está vendiendo algo. Situaciones de aislamiento severo, ansiedad o depresión necesitan ayuda humana y profesional, no un videojuego.

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