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Sociedad· 6 min de lectura

Todos siguen jugando, pero ya nadie se apunta a nada

Minecraft tiene más jugadores que nunca y los servidores públicos van vacíos. No se juega menos: se juega en grupos cerrados, y eso cambia mucho.

Todos siguen jugando, pero ya nadie se apunta a nada

Minecraft tiene más jugadores que en ninguna época anterior y, al mismo tiempo, los servidores públicos se sienten vacíos. Las dos cosas son ciertas a la vez, y no hay contradicción: no se juega menos, se juega en grupos cerrados. Un mundo privado, una lista de invitados, tres amigos y nadie más.

Lo que ha caído no es la actividad. Es la disposición a compartirla con desconocidos.

Un fenómeno con precedente exacto

Esto ya se había descrito, y no en videojuegos.

En los años noventa, el politólogo Robert Putnam se puso a medir la participación de los estadounidenses en asociaciones de todo tipo: vecinales, sindicales, parroquiales, clubes, grupos de padres. Encontró un desplome sostenido durante décadas.

La imagen que usó para resumirlo se hizo famosa porque era desconcertante: la gente seguía jugando a los bolos, e incluso más que antes, pero había dejado de apuntarse a las ligas.

Ese contraste es toda la tesis. La actividad se mantenía. Lo que desaparecía era la estructura que hacía coincidir con desconocidos de forma regular.

Por qué importa la diferencia

Podría parecer un cambio de formato sin consecuencias. Putnam sostuvo que no lo era, y para explicarlo separó dos cosas que solemos llamar igual.

El capital social de unión es el que se acumula dentro de un grupo cercano y parecido a ti. Da apoyo, confianza y gente con la que contar cuando algo va mal. Es el de tus amigos de siempre.

El capital social de puente es el que conecta con personas distintas. Da información que no circulaba por tu círculo, oportunidades que no conocías y práctica en tratar con gente que no piensa como tú.

Los dos valen. Pero no son intercambiables, y el de puente es mucho más frágil, porque es el único que exige aguantar a desconocidos.

Cuando alguien deja la liga y sigue jugando con sus amigos, no pierde bolos: pierde puentes.

Cómo se ve esto dentro de un juego

Un servidor público es una liga. Coincides por horario y no por afinidad, con gente de otra edad, de otro país y con otra forma de jugar. Hay roces. Hay que negociar. Aparece alguien que te cae mal y sigue ahí.

Un mundo privado con tres amigos es jugar a los bolos por tu cuenta. Es mejor en casi todo: nadie rompe lo que construyes, no hay que explicar las normas, no hay conflictos que gestionar y todos entienden la broma a la primera.

Y tiene una única propiedad estructural que conviene mirar de frente: ahí no vas a conocer a nadie. No porque falte suerte, sino porque no entra nadie nuevo. Un grupo cerrado es excelente para profundizar vínculos existentes e incapaz de generar vínculos nuevos.

Si llevas un año jugando y no has conocido a nadie, probablemente no sea un problema tuyo. Es el formato haciendo exactamente lo que hace.

El principio: lo cómodo y lo que ensancha rara vez coinciden

Sal del juego, porque el patrón es general y bastante incómodo.

Ver la serie en casa en vez de ir al cine. Pedir la compra en vez de bajar a la plaza. Quedar con los de siempre en vez de aparecer donde hay gente que no conoces. En todos los casos la versión cerrada es mejor en la experiencia inmediata y peor en una cosa que no se nota hasta años después: la probabilidad de que entre alguien nuevo en tu vida.

Y como el coste es lento y el beneficio es inmediato, casi nadie decide esto conscientemente. Se decide una tarde cada vez.

De ahí un criterio útil: si en el último año no has conocido a nadie por una afición que practicas mucho, el problema no es la afición ni tu carácter. Es que la practicas en un formato sin puerta.

Lo que sí puede hacerse

No hace falta renunciar al grupo cerrado, que es donde está el afecto. Basta con conservar un sitio con puerta: una comunidad abierta a la que se entra de vez en cuando, con el ruido y la fricción que eso trae.

Si existiera un sitio pensado para que coincidan personas que no se eligieron entre sí, y donde eso se considerara la función y no un defecto, me gustaría que se llamara KobiiCraft.

Ahora lo honesto, porque hay motivos de peso para el cierre. La gente se encerró en grupos privados por razones reales: acoso, estafas, toxicidad y la sensación de que un espacio abierto es un sitio donde te pueden arruinar el trabajo de meses. Decirle a alguien que vuelva a lo abierto sin resolver eso es pedirle que asuma un riesgo por una virtud abstracta.

Los puentes valen si el sitio al que llevan es habitable. Primero lo segundo.

La liga que ya no existe

Nadie anunció que se acababan las ligas. Simplemente cada vez menos gente se apuntó, hasta que un año no hubo suficientes.

En los juegos está pasando lo mismo, y con la misma discreción: nadie cierra los servidores públicos. Solo dejan de entrar, uno a uno, hasta que entrar deja de tener sentido.

Preguntas frecuentes

¿Por qué los servidores públicos parecen vacíos si Minecraft tiene más jugadores que nunca? Porque la actividad no ha bajado, se ha reorganizado. Cada vez más gente juega en mundos privados, servidores con lista de invitados o partidas con tres amigos, en lugar de entrar a comunidades abiertas de desconocidos. El total de personas jugando puede crecer mientras el número de encuentros entre desconocidos cae, y eso produce exactamente la sensación descrita: un juego enorme y unos espacios comunes cada vez menos poblados.

¿Qué es el capital social de unión y el de puente? Son los dos tipos que distinguió Robert Putnam. El de unión es el que se genera dentro de un grupo homogéneo y cercano: da apoyo emocional, confianza y ayuda en los momentos malos. El de puente es el que conecta a personas distintas entre sí y proporciona información nueva, oportunidades y exposición a otros puntos de vista. Ambos son valiosos, pero el segundo es más frágil porque requiere tratar con gente con la que no se tiene nada en común de partida.

¿Qué observó Putnam sobre las ligas de bolos? Que entre los años sesenta y noventa el número de estadounidenses que jugaban a los bolos aumentó, mientras el número de los que participaban en ligas organizadas se desplomó. Usó ese contraste como imagen de un fenómeno más amplio: la actividad individual se mantenía o crecía mientras la participación asociativa caía en asociaciones vecinales, sindicatos, clubes y organizaciones cívicas. Su tesis es que lo que se perdía en ese cambio no era ocio, sino tejido social.

¿Está mal jugar solo con tus amigos en un mundo privado? No, y es una elección razonable: un mundo cerrado tiene menos conflictos, menos ruido y nadie que rompa lo que construyes. Lo único que conviene tener claro es qué se está cambiando. Un grupo cerrado es excelente para profundizar vínculos que ya existen y estructuralmente incapaz de producir vínculos nuevos, porque no entra nadie. Si un año no has conocido a nadie jugando, probablemente no sea falta de suerte sino consecuencia del formato.

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