Todos siguen jugando, pero ya nadie se apunta a nada
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Minecraft tiene más jugadores que nunca y los servidores públicos se sienten vacíos. Las dos cosas son ciertas: no se juega menos, se juega en grupos cerrados de tres o cuatro amigos.
El politólogo Robert Putnam documentó exactamente esa forma en los años noventa. Encontró que en Estados Unidos la gente seguía yendo a los bolos —incluso más que antes— pero había dejado masivamente de apuntarse a las ligas. La actividad continuaba; lo que desaparecía era la asociación.
Su distinción más útil: el capital social de unión, el de tu círculo cercano, y el de puente, el que te conecta con gente distinta a ti. El primero da apoyo; el segundo da oportunidades, información y tolerancia. Y el de puente es el que se pierde primero, porque es el que exige aguantar a desconocidos.
Un mundo privado con tus amigos es un sitio mejor casi en todo, salvo en una cosa: ahí no vas a conocer a nadie.