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Análisis· 6 min de lectura

Por qué pasas más tiempo eligiendo servidor que jugando

Abres la lista, hay trescientos servidores, revisas veinte y cierras el juego sin entrar en ninguno. No es indecisión: es lo que hacen las listas largas.

Por qué pasas más tiempo eligiendo servidor que jugando

Si abres una lista de servidores, revisas veinte y acabas cerrando el juego sin haber entrado en ninguno, no es indecisión ni falta de ganas de jugar: es el efecto conocido de tener muchas opciones que parecen equivalentes y ninguna forma barata de distinguirlas.

Tenías una hora libre. La has gastado entera en la parte de antes.

Trescientos y todos parecidos

Busca servidores de Minecraft en español y lo que sale no es una respuesta: son listas. Los veinte mejores. Los trece mejores. Trescientos treinta y uno ordenados por votos. Cada resultado propone una lista un poco más larga que el anterior.

Y todas comparten el mismo problema. Ordenan por lo que se puede meter en una ficha —modos, versión, votos, banner— y ninguna de esas cosas es la que decide si vas a querer volver mañana.

Lo que de verdad separa un servidor de otro es cómo se trata ahí a quien acaba de llegar. Si hay alguien conectado un martes a las siete. Si al preguntar algo te contestan o te ignoran. Nada de eso cabe en una tarjeta, y como no cabe, no se compara.

Así que comparas lo visible. Y lo visible, entre trescientos, es prácticamente idéntico.

La libertad de elegir no es la capacidad de elegir

El psicólogo Barry Schwartz reunió esta clase de observaciones bajo un nombre que se hizo popular: la paradoja de la elección. La idea es que más opciones amplían la libertad y, pasado cierto punto, empeoran la experiencia de elegir.

Su ejemplo más citado es el experimento de las mermeladas: un puesto con veinticuatro variedades atrajo a mucha más gente que uno con seis, y vendió muchísimo menos. Mirar es agradable. Decidir, con veinticuatro delante, es trabajo.

Pero el mecanismo interesante es el segundo, y es el que explica por qué esto sigue doliendo después de elegir.

Con tres opciones, equivocarte es mala suerte. Con trescientas, equivocarte es culpa tuya, porque estaba ahí la buena y no supiste verla. Cada alternativa que descartas se queda rondando como una versión mejor de la tarde que podrías haber tenido.

Por eso, después de entrar por fin en un servidor, aparece a los diez minutos la pregunta que arruina la partida: ¿y si el bueno era otro?

El coste que nadie apunta

Hay una parte de esto que no se contabiliza nunca, y es la más concreta de todas.

El tiempo de elegir se paga con el mismo tiempo con el que se juega. Sale de la misma hora. Dos horas comparando servidores no son dos horas de preparativos: son dos horas sin jugar en ninguno.

Es la única inversión que se hace en la misma moneda que el premio, y por eso puede llegar a costar más de lo que compra.

El principio: comparar es caro y casi siempre lo pagas tú

Sal del juego, porque esto no tiene nada de específico.

Las tres horas de catálogo antes de poner una película de hora y media. Las cuarenta pestañas abiertas para reservar un hotel de dos noches. La conversación que no ocurre porque hay que decidir dónde cenar entre ochenta sitios con reseñas casi iguales.

En todos los casos hay un patrón: la abundancia es gratis para quien la ofrece y cara para quien la recorre. Añadir una opción más a una lista no le cuesta nada a la lista, y le cuesta un poco a cada persona que tiene que descartarla.

Y de ahí sale la parte útil. Cuando algo se ofrece en un catálogo enorme y sin criterio, el trabajo de decidir no ha desaparecido: te lo han pasado a ti sin decírtelo.

Lo que sí puede hacerse

Decidir antes de mirar. No qué servidor quieres, que no lo puedes saber, sino qué es suficientemente bueno: tu idioma, tu horario, un tamaño que te encaje y una sola cosa que te importe de verdad. El primero que cumpla los cuatro vale.

Y después, la parte que cambia todo: darle una semana. Lo que quieres saber de un sitio no aparece en la ficha ni en la primera noche; aparece cuando reconoces dos nombres y alguien te reconoce a ti.

Si existiera un lugar que se dejara juzgar por eso —por cómo se trata a quien llega un martes cualquiera— y no por su posición en una lista de votos, me gustaría que se llamara KobiiCraft.

Ahora lo honesto: nada de esto te dice cuál elegir, y este texto tampoco. Hay gente para la que recorrer la lista es parte de la afición, y ahí no hay problema que arreglar. Tener muchas opciones sigue siendo mejor que no tener ninguna, y quien recuerda cuando había cuatro servidores en español no querría volver. El fallo no es la abundancia: es que se presenta ordenada por lo que se puede medir en lugar de por lo que importa.

Lo único que sostengo es más pequeño: que el rato de elegir sale del rato de jugar, y que conviene saber cuánto le estás dando.

La lista sigue ahí

Mañana la lista tendrá dos servidores más y seguirá sin poder decirte lo único que quieres saber.

Puede decirte cuántos hay. Nunca ha podido decirte cuál.

Preguntas frecuentes

¿Por qué me cuesta tanto elegir un servidor de Minecraft? Porque las listas ofrecen cientos de opciones que parecen equivalentes y no muestran ninguna de las diferencias que de verdad importan. Lo que decide si un servidor te va a gustar —el trato entre la gente, si hay alguien conectado a tu hora, cómo se recibe a quien llega— no cabe en una ficha con votos y etiquetas. Al no poder comparar lo importante, se compara lo visible, y como todo lo visible se parece, la decisión se vuelve arbitraria y por eso se aplaza.

¿Qué es la paradoja de la elección? Es la observación, popularizada por el psicólogo Barry Schwartz, de que aumentar el número de opciones amplía la libertad pero a partir de cierto punto empeora la experiencia de elegir. Con muchas alternativas cuesta más decidir, se disfruta menos lo elegido y aumenta el arrepentimiento, porque cada opción descartada se convierte en una posible versión mejor de lo que podrías haber tenido. La paradoja está en que más libertad de elegir y más capacidad de elegir no son lo mismo.

¿Cómo elegir un servidor sin pasarme horas comparando? Decidiendo antes de mirar qué es suficientemente bueno para ti: idioma, horario en el que juegas, tamaño aproximado y una sola cosa que te importe de verdad. Con esos criterios fijados de antemano, el primero que los cumpla vale, y lo que queda es probarlo de verdad. Una semana dentro de un servidor informa muchísimo más que una noche entera comparando veinte fichas, porque lo que quieres saber solo aparece jugando.

¿Es mejor tener pocos servidores donde elegir? No necesariamente: la abundancia en sí no es el problema, y reducirla artificialmente tampoco arregla nada. Lo que falla es el formato en el que se presenta, que ordena por votos y por modos en lugar de por las cosas que hacen que un sitio te encaje. Una lista de treinta opciones bien descritas es más fácil de usar que una de trescientas descritas por sus etiquetas, y la diferencia no está en el número sino en si puedes distinguirlas.

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