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AnálisisEdición Pocket· 1 min de lectura

Por qué pasas más tiempo eligiendo servidor que jugando

Edición Pocket. Esta es una versión más breve de un artículo más largo; puedes leer la edición completa cuando tengas más rato.

Si abres una lista de servidores, revisas veinte y acabas cerrando el juego sin entrar en ninguno, no es indecisión ni falta de ganas: es lo que hacen las listas largas.

El psicólogo Barry Schwartz lo llamó la paradoja de la elección. Más opciones amplían la libertad y, pasado cierto punto, empeoran la experiencia de elegir: cuesta más decidir, se disfruta menos lo decidido y aparece un invitado incómodo, la sospecha de que alguna de las otras era mejor.

En una lista de trescientos servidores el problema no es la cantidad. Es que ninguna de las diferencias que de verdad importan —cómo trata la gente a quien acaba de llegar, si hay alguien conectado un martes por la tarde— cabe en la ficha. Se acaba comparando lo que se ve: modos, votos, banners.

Y hay un coste que casi nadie apunta. El rato de elegir se paga con el mismo tiempo con el que se juega. Dos horas comparando servidores son dos horas sin jugar en ninguno, y no aparecen en ninguna estadística.