Las reglas se doblan para los de dentro
Nadie escribió que los amigos del staff tuvieran ventaja. Y aun así la tienen, y todo el mundo lo nota antes de poder demostrarlo.
Las reglas se doblan para los de dentro
Dos personas hacen lo mismo. A una la avisan con simpatía y a la otra le cae una sanción. La parcela buena, la que está junto al centro, se la queda alguien que llevaba dos semanas cuando había gente esperando desde hacía meses. Una discusión se resuelve creyendo la versión de uno de los dos, y resulta que era el que juega todas las noches con un moderador.
Nadie ha escrito nunca que los amigos del staff tengan ventaja. Y todo el mundo sabe que la tienen.
No suele ser corrupción, y eso lo hace peor
La palabra que se usa para esto es abuso, y casi nunca encaja. El abuso supone alguien que decide saltarse la norma sabiendo que la está saltando.
Lo que ocurre de verdad es más blando y más difícil de atacar. A quien conoces le crees antes. Su versión te suena más plausible porque conoces su carácter. Su fallo te parece más disculpable porque le supones buena intención, y esa suposición la tienes ganada de haber jugado con él cien horas.
Nadie decide dar ventaja a sus amigos. Simplemente aplica el mismo criterio con más benevolencia a las personas cuya intención da por buena. El resultado es indistinguible del trato de favor, y el que lo aplica puede jurar de buena fe que ha sido justo.
Por eso el favoritismo aparece antes en los equipos que se llevan bien que en los que apenas se conocen.
Una moneda que no parece dinero
El sociólogo Pierre Bourdieu propuso mirar esto de una forma que aclara bastante. Además del capital económico, decía, existe un capital social: los recursos que una persona obtiene por el simple hecho de pertenecer a una red de relaciones.
Lo trató como capital de verdad, no como metáfora. Se acumula con el tiempo. Circula. Se hereda dentro del grupo —el amigo de un veterano entra ya con crédito—. Y, sobre todo, se convierte en ventajas concretas sin que nadie tenga que pedir nada, porque el vínculo ya inclina a quien decide antes de que haya una decisión sobre la mesa.
Esa última parte explica por qué es tan resbaladizo. No hay un favor. No hay una petición. No hay un momento señalable en que alguien hiciera algo indebido. Hay una tendencia que solo se ve sumando muchos casos, y cada caso por separado tiene una explicación razonable.
Por qué el que lo sufre nunca puede probarlo
De ahí sale la parte más injusta del asunto, que no es la ventaja en sí.
Quien está fuera percibe el patrón mucho antes de poder documentarlo. Nota que las cosas caen siempre del mismo lado, pero si lo dice tiene que apoyarse en un caso concreto, y ese caso admite una explicación inocente: fue proporcionalidad, fue casualidad, fue criterio.
Entonces ocurre lo previsible. El que lo señala parece resentido. Se le contesta que se lo está tomando a lo personal. Y como quejarse sale caro y no sirve, la mayoría deja de quejarse y empieza simplemente a entrar menos.
Un sitio con favoritismo rara vez estalla. Se vacía por los bordes, y desde dentro parece que la gente se fue por su cuenta.
El principio: la cercanía al que decide es un recurso escaso
Sal del servidor, porque esto es tan viejo como los grupos humanos.
El compañero de trabajo que come todos los días con el jefe. El pueblo donde el trámite depende de si conoces a alguien. El club donde las plazas se dan antes de que salga la convocatoria. En todos hay reglas escritas que se cumplen, y encima de ellas una capa informal donde se decide de verdad.
Lo que hace daño no es que existan amistades: es que la amistad opere como un recurso al que no todos pueden optar. Se puede mejorar construyendo mejor, esforzándose más o ayudando a los demás. No se puede decidir caerle bien a quien manda.
De ahí un criterio que sirve para juzgar casi cualquier comunidad: mira cuánto se decide en privado. Cuanto mayor sea esa superficie, más peso tendrá el vínculo, y da igual lo honrada que sea la gente que decide.
Lo que sí puede hacerse
Reducir esa superficie, que es lo único que está en la mano de nadie.
Criterios escritos antes de que aparezca el caso, no después. Decisiones que dejan constancia, aunque sea una línea. Recursos escasos repartidos por un procedimiento y no por conversación privada. Y, la más eficaz y la que más incomoda, que quien resuelve un asunto no sea amigo de las partes.
Si existiera un sitio donde el reparto de lo escaso siguiera un orden público, y donde nadie resolviera un conflicto en el que estuviera implicada su propia gente, me gustaría que se llamara KobiiCraft.
Ahora lo honesto. Esto no se elimina. Nadie puede impedir que a las personas les caiga mejor su gente, y una comunidad donde los que la sostienen no fueran amigos entre sí sería un sitio peor, no mejor. Además, quienes moderan suelen hacerlo gratis y en su tiempo libre: exigirles neutralidad de tribunal es una forma de ingratitud.
Lo que sí es exigible es más modesto: que la norma esté escrita antes del caso, y que quede rastro. No convierte a nadie en imparcial. Solo hace que la desviación se pueda ver.
Los que se fueron sin decirlo
Lo caro del favoritismo no lo paga el que se queja. Ese al menos habla.
Lo pagan los que hicieron cuentas en silencio, decidieron que aquello no iba a cambiar y espaciaron las conexiones hasta desaparecer. Un sitio donde el esfuerzo rinde menos que la cercanía enseña esa lección muy rápido, y casi nadie se molesta en explicar que la ha aprendido.
Preguntas frecuentes
¿Por qué aparece favoritismo incluso en servidores bien intencionados? Porque no suele nacer de la corrupción sino del afecto, y el afecto no se apaga por decreto. A quien conoces le crees antes, su versión te parece más plausible y su error te parece más disculpable. Nadie decide conscientemente dar ventaja a sus amigos: simplemente aplica el criterio con más benevolencia a las personas cuya intención da por buena. Por eso el favoritismo aparece antes en los equipos que se llevan bien que en los que no se conocen.
¿Qué es el capital social según Bourdieu? Es el conjunto de recursos que una persona obtiene por pertenecer a una red de relaciones más o menos duradera. Pierre Bourdieu lo planteó como una forma de capital comparable al económico: se acumula, circula, se hereda dentro del grupo y puede convertirse en ventajas concretas. Su parte incómoda es que actúa sin que haga falta pedir nada explícitamente, porque el vínculo ya predispone a quien decide, y por eso resulta muy difícil de señalar como un abuso puntual.
¿Por qué el que sufre favoritismo no consigue demostrarlo? Porque cada caso aislado admite una explicación razonable y solo el conjunto revela el patrón. Un aviso en lugar de una sanción puede ser proporcionalidad; una parcela concedida rápido puede ser casualidad; una versión creída antes que otra puede ser criterio. Ninguno prueba nada por separado. Quien lo vive percibe la tendencia mucho antes de poder documentarla, y al exponerla sin pruebas parece resentido, lo cual acaba desalentando la queja.
¿Se puede eliminar el favoritismo en una comunidad? Eliminarlo no, contenerlo sí. Nadie puede impedir que a las personas les caiga mejor su gente, y prohibir el afecto sería absurdo además de imposible. Lo que sí funciona es reducir la superficie donde el vínculo decide: criterios escritos antes de que aparezca el caso, decisiones que dejan registro, reparto de recursos escasos por un procedimiento y no por conversación privada, y personas distintas resolviendo los asuntos que afectan a sus propios amigos.
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